22/6/19

Me quedo en tu pie


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Me quedo en la niña
-flores de almendro-

En la punta del dedo
he puesto un pétalo.
Sopla un deseo,
que llegue muy lejos.

Me quedo en las manos
-bocetos de lirio-

Diminuta caricia
de plumas, pañuelos
que envuelven tu cuerpo
con dulces sueños.

Me quedo en la nana
-palabras de luna-

En las notas que danzan
de la voz al consuelo.
El canto que calma
tu hambre en mi pecho.

Me quedo en el pájaro
-gorjeo de cuna-

Te dice en secreto:
qué esconden las nubes,
qué hay en los cerros,
a qué sabe el cielo.

Me quedo en la pizca
que es tu nariz.

Pequeña cereza,
redonda y jugosa
que mueves con gracia
cuando haces achís.

Me quedo en la risa.
Me quedo en tu pie.

Me quedo en la ardilla
que come una nuez.
En las horas que pasa
mi piel con tu piel.

Ilustración: Esther García

9/3/19

Luna creciente






Anillo de luna.

La luz cenicienta  
arropa la azotea.

Brillo de luna.

Caen los sueños
de las estrellas.



Ilustración: Jimmy Liao

18/1/19

Somos nosotras

Somos nosotras. Era costumbre en ellas decir esto al entrar. Ya sabes que antes las puertas siempre estaban abiertas. Venían cada tarde, sin faltar, cuando acababan su jornada. Somos nosotras, se oía, y era como el tictac del reloj, que ya no sabes si lo estás escuchando o no. Eran hermanas y hacían el trabajo juntas. Cómo me acuerdo del sonido del dedal de una de ellas sobre la mesa. Daba golpecitos todo el rato con el dedo; parecía un movimiento inconsciente. Yo me quedaba mirando, atontada, esperando que el golpeteo rompiera la monotonía de aquellas tardes lentas. Se sentaban alrededor de la mesa y ya que estaban, ya que se habían sentado, mira tú, contaban alguna anécdota: todo lo que habían cosido ese día, si aquel vestido no tenía buena puntada o si habían tardado dos semanas en hacer la chaqueta de fulano, dos semanas enteras, qué barbaridad, las ganas que daban de dejarle la faena a medias.
Ya te he contado que aquel traje de pastorcito tan precioso lo hicieron ellas. Qué cabeza la mía, dónde lo habré puesto. Mira que lo recuerdo ahí mismo colgado, pero hija, ya sabes, en una de estas seguro que lo he tirado sin darme cuenta. 
Ay que ver lo rápido que pasa esto de la vida, hija mía. Qué habré hecho con el traje. No me habrás escuchado decir que se lo haya prestado a alguien, aunque quién lo iba a querer, dime tú, que olía ya a tela vieja. La de años que habrán pasado. Somos nosotras, decían, y nunca supe en realidad si tenían algún nombre o si se quitaban el dedal.



Ilustración: Rebecca Dautremer


28/6/18

Rota

La espalda
impregnada de aliento alcohólico.
Tragando náuseas.
Rota.
Estómago, vísceras, memoria…
Rotos.
La puerta cerrada y el silencio 
ahí fuera. 
Qué sería del suelo sin este
frío.


19/5/18

Inexorable





No voy a hablar de la muerte
 -el cielo pierde el blanco-

No diré que el miedo
es sombra en mis campos.

Mejor hablar de la vida
 -al fin y al cabo-

es la única que comprende
el morir de mis pasos.




Ilustración: Adolfo Serra

11/11/17

650



Pain - has an Element of Blank -
It cannot recollect
When it begun - or if there were
A time when it was not -

It has no future - but itself -
Its Infinite contain
Its Past - enlightened to perceive
New Periods - of Pain.


Tiene el dolor - un elemento en Blanco -
No puede recordar
Cuándo empezó - o si hubo
Un tiempo en el que no existía -

Y no tiene Futuro - sino él mismo -
Su Infinita capacidad
Su Pasado - iluminado para percibir
Nuevos Periodos - de Dolor.

Texto: Emily Dickinson
Traducción: Margarita Ardanaz
Ilustración: Jimmi Liao

24/5/16

Busco mago






Un hombre sin manos llamó a mi puerta. Vengo por lo del anuncio, dijo mientras se quitaba la corbata con los codos y hacía con sorprendente agilidad un nudo marinero con ella. Permanecí atenta mientras él movía su varita mágica con el rabillo del ojo, sacaba de mi oreja un pañuelo azul, barajaba con la nariz unos naipes, hacía aparecer un ramo de flores al chascar la lengua, hipnotizaba con la mirada una serpiente, al tiempo que un conejo asomaba el hocico por debajo de su sombrero. Lo mejor fue cuando seccionó mi cuerpo tras un sonoro abracadabra. El mago desapareció en ese momento, dejando una cortina de humo en el rellano.
Años después, lo vi en un programa de televisión luciendo unas preciosas manos como las mías. Para entonces, yo ya me había acostumbrado a estar sin ellas. 

Ilustración: Raquel Díaz Reguera