27/12/07

Ojos de luna


Apenas quedan dos días para verte; ya puedo pensar en abrazar tu cuerpo pequeñito y mirarte, mirarte mucho. Seguro que sonríes cuando me veas, que esperas a que me acerque y te coja en brazos mientras dices mi nombre mirando a tu mamá. Sabes? Tenemos poco tiempo para estar juntos pero no importa, porque me enredo en tu recuerdo cuando dejo de verte y me haces feliz cada vez que pienso en ti.
Nadie me ha abrazado como tú y nadie podrá copiarte nunca, porque eres el único que sabe hacerlo de esa manera tan suave, tan sincera. Nadie podrá tener nunca tu mirada, tus ojos claros y limpios, como de luna llena (chiquitita).

17/12/07

Yamore

Estreno mis "encuentros" con una canción maravillosa que una amiga me dejó escuchar en un restaurante apestado y ensuciado de bullicio navideño. No era el mejor sitio para esta canción, pero aún así logró emocionarme.
Es preciosa.
Gracias Emilie

16/12/07

Despedidas a medias

Hay muchas formas de decir adiós: lanzar un gesto, dar un beso o irse, simplemente. Puedes irte hasta otro momento o para siempre, pero en cualquier caso hay algo que termina, un tiempo que ya acabó.
Lo más tedioso es querer decir adiós y no saber cómo, despreciando la historia que apasiona sólo a quien la cuenta y maldiciendo las buenas formas.
Pero no es de eso de lo que quiero hablar; hoy me apetece quejarme.
Hay quienes no están ya (sin haber concedido una despedida que al menos ayude a ordenar los sentimientos) y pretenden lo contrario.
Quizá ésta sea la forma de marchar que más daño provoca: cuando no se dice adiós pero se nota el vacío, cuando ya no es lo mismo y lo sabemos con certeza. Quizá son personas a medias, medias palabras y amor a medias.
Una despedida sería más sincera, así el que se queda puede añorar algo.

Para mis personas a medias

5/12/07

Resurgir

Había una tristeza que quería alcanzar más hondo. A medida que lo lograba envolvía todo cuanto encontraba; destruyó sueños y acogió soledades, engulló risas, noches enteras a golpes en el corazón.
Silenció las palabras atragantadas. Las dejó sin voz, sin nada que decir, tan vacías que los ojos dejaron de buscar otras bocas para hablar. Enmudeció el alma.
Era una tristeza tan poderosa que quería llevarse el aire del pecho, asfixiarlo todo por dentro y fijarse en cada rincón del cuerpo.
Así quedó alojada.
LLoraba la tristeza, feliz de haber conseguido la conquista, cuando sintió que no tenía más espacio que ocupar, no era posible un mayor dolor y se fue.
Los pulmones explotaron amplios para recuperar el aire, volvió la luz, la serenidad, los colores en la piel.
Gracias tristeza, por enseñarme a vivir.