19/1/09

La caja


Resulta que no tengo ninguna caja que me sirva, ninguna lo suficientemente grande y bonita. Le podría pedir a un amigo su cajita de los sueños, pero le tiene un cariño especial y no quiero robarle años de esperanza azul, así que sigo amontonando desordenadamente por mi casa puñados de ilusiones a la espera de un lugar especial para guardarlos. Como andan libres se relacionan entre ellas creando ilusiones nuevas, y de pronto me encuentro en la cocina la ilusión de un día soleado con el gorro de lana puesto haciendo un puchero de garbanzos como los de mi madre, o descubro debajo de las mantas la mañana del domingo besándose con el día de mi cumpleaños, y tengo que separarlos, porque podrían hacer el amor y tener todos los hijos del mundo el mismo día a la misma hora, lo cual podría ser muy agotador.
Hoy ha ocurrido algo maravilloso: la belleza de los fiordos noruegos estaba mirándose al espejo y por una rendija de la puerta, la nieve de una montaña empinada quería entrar a peinar sus cascadas. Eso ha sido esta misma mañana.
Una de las cosas más divertidas es espiar al reposapiés del sillón de lectura dando brincos delante del lavaplatos, riéndose del fregadero con carcajadas burlonas, o ver una hilera de zapatos y botas de todos los colores zapatear en la alfombra, peleándose las chanclas de playa y las zapatillas de deporte por los tacones más altos. Entre tanto enredo me doy cuenta que hay algo extraño en la estantería de madera... son palabras despistadas que quieren contar un cuento y buscan entre los libros algún personaje que quiera ser su protagonista, roban líneas, versos y princesas, se salpican con acuarela y al final se duermen de puro cansancio, pero llega el aire de la primavera y las esparce, muy suavemente, despacio por toda la casa, para que cuando yo llegue las lea y sueñe.
No me gustan los charcos de las ilusiones que se deshacen, así que cuando veo alguna a punto de entristecer me la llevo a la calle durante largas horas de frío y le cuento que después de un duro día, la mayor ilusión es llegar a casa y acurrucarse en el sofá junto con otra ilusión, le cuento que compartir sus miedos le hará más fuerte.Y ella me hace caso.

Seguiré buscando la mejor caja para todas ellas, la más bonita... y tiene que ser infinita, porque así es la ilusión.

Dedicado a Estatua

6 comentarios:

La estatua del jardín botánico dijo...

Sigue buscando esa caja. Tiene que ser una caja especial. Da igual de qué material esté hecha pero tiene que dejar volar a las ilusiones a su antojo y cuidarlas del frío del pasado, de la incertidumbre del futuro y del vacío del presente.
La mía es de madera. Algún día te contaré de qué tipo.

Tinker Bell * dijo...

siempre aparece alguna cajita en la meteriamos todo sin dudar... =)

Parsimonia dijo...

Es importante encontrar una caja para no perder nunca la ilusión.
Un beso.

jlx dijo...

¿Cajas?¿Porque parar ese festival? Dejemos que todas nuestras ilusiones se mezclen, se contagien y crezcan. Que se construyan en una ilusión común que nos contenga a todos. Mañana abriré mis ventanas y les diré que a mis mejores ilusiones que partan en la búsqueda de otras con las que mezclarse. Espero que encuentren a alguna de las tuyas y que el resultado sea algo precioso.

Beseres.

Gracia dijo...

Pues tiene que ser una caja transparante, de agua templanda por ejemplo, para que cuando estés triste y vacía, las puedas ver rápidamente y te acuerdes de todos los motivos que tienes para estar contenta!
Besitos

neftalí dijo...

Yo tengo dos cajas de zapatos donde nunca guardo nada (desde hace ya algunos años) y donde primero miro cuando busco...

Es como un ritual perverso que espera casi el milagro de que lo no guardado aparezca por obra y gracia dentro de las cajas...

y pese a que lo se, y pese a todo, créeme que es el lugar por donde empiezo buscando... debe ser que lei demasiadas veces el principito...

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