9/10/09

Noviembre

Cuéntame otra de esas historias que tanto me gustan, ¿cómo era?, el mes de noviembre es triste ...
"Noviembre es un mes triste, octubre todavía es cálido y soleado, pero noviembre es triste. Antes, durante todo el mes de noviembre tocaban diariamente las campanas, ya sabes, por los difuntos, y no había un sólo día del mes que las campanas no nos recordaran que nuestros muertos seguían muertos, tristemente muertos, que de eso se encargaban los tonos lúgubres de las campanas, y muertos también seguían los muertos de los vecinos, los de acá y los de más allá, valga la expresión, porque eso sí, las campanas se escuchaban por todos lados, otra cosa no, pero un buen campanario sí que había. Ya me hubiera gustado que el mes de noviembre no fuera así, tan negro, tan llorón, porque realmente es un mes bonito de no ser por las campanas, qué miedo que me daban esas campanas, tan de muertos. Así que todos los años había que llorar, qué íbamos a hacer si no. Yo hubiera preferido cantar a los muertos, reírles por lo menos, que eso siempre gusta más, pero no, noviembre era un mes para llorar, y el resto del año para trabajar, ya me dirás. Y luego las misas por los santos difuntos, que ya ni acordarme quién era al muerto que había que rezar, pero a la misa había que ir, de negro y con pena. Qué bien que lloraban las mujeres de mi pueblo, ya se oían los suspiros cuando  tañían las campanas. De alguna misa me libré porque mi hermano, que de pequeño odiaba los pájaros, y ahora fíjate tú, cría canarios las vueltas que da la vida, pensó que para qué iba a ir yo a las misas si ya lo hacía él.  Qué tontería, para qué los dos.
Por eso noviembre es un mes triste. Aunque pasa volando, ya verás, el tiempo pasa volando. Todavía me acuerdo cuando éramos mozas. Jugábamos con nuestros novios que elegíamos para ese día, ellos sin saber que lo eran, no eran tiempos para eso, y paseábamos por la calle en hilera todas juntas, las más audaces al extremo que eran las que se llevaban la suerte de  pasar al lado de los chicos. Yo siempre caía en el centro, hay que ver cómo era yo, pero eso sí, no había otro que leyera tanto como yo... ay madre la de libros que habré leído, y eso que no eran tiempos para eso, pero tampoco para pasarse el mes llorando, ¿ no?

Uy, qué bien huele el otoño... ¿sabes hacer mantillo con las hojas muertas?..."
Me gusta pasear con mi madre, me pierdo en sus historias.

 Ilustración: Patricia González Palacios

2 comentarios:

Gracia dijo...

Qué linda esta historia... No sé por qué pero me resultaba extrañamente familiar, será porque las madres, y las madres de las madres, se parecen un poco todas, y todas tejen historias cuando pasean y abrazan con ellas a sus hijos y a sus nietos...

La estatua del jardín botánico dijo...

Qué historia tan maravillosa,y tan dulce, y tan sensata. A los muertos hay que reírles, sí señora.