12/11/10

Ser madre

Cuando me preguntan qué siento siempre digo que no sé explicarlo.
Es más que cualquier cosa que pueda decir. 
Es su carita menuda, sus ojos preciosos, su mano tierna. 
Su respiración sobre mi pecho, su sueño, 
su abrazo. 
Es más que todo lo de antes. 
Es felicidad y puro amor.

4/10/10

Lo de siempre


Hoy todo es como siempre. La ventana por la que entra el sol de siempre, el teléfono que suele sonar a media mañana y en el que aparecen las mismas voces de siempre -las que deso seguir escuchando toda la vida-, la cafetera en su sitio, las dos sillas en la mesa de la cocina para recibir el desayuno delicioso de todos los días. Los pasos, el olor, el corazón, los besos de la persona de siempre, tan amada y tan mía.

Quizá sea un buen día para estrenar algo que sea parte de lo mismo de siempre, de lo que forma parte de mi vida, de lo que me hace feliz.

Me voy a buscarlo.

Ilustración: Skasia

27/9/10

Piel con piel

Quiero abrazarte. 
Iré corriendo
hasta que me coma
el aire, 
hasta que los pies
me vuelen,
hasta que el corazón
cante,
para templar
tu piel
cuanto antes.

Ilustración: Alejandra Acosta

25/9/10

Diles adiós

Adiós. 

Al gesto frío
con que la soledad mira.

Al vaciarse
por agujeros oscuros. 

Al temblor.

Al bramido
del llanto sin sentido. 

Al ruido.

Adiós.

Ilustración: Alejandra Acosta

12/9/10

El triunfo


No sé lo que cuenta mi espalda, quizá historias que el aire se lleva. Miro hacia el frente y veo el triunfo, la esperanza con nombre propio. 
Sonrío. Al rato lloro en una locura de euforia y estremecimiento; eso que se siente cuando un dolor profundo ha estado por dentro y al final gana la vida.
Respiro despacio no sea que el viento pase de largo. Abro los ojos, dejo que la luz dorada se calque en mis rostro y me quedo, me dejo estar.

Te lo dedico, pequeña, porque sé que quieres mirar al frente. 

3/9/10

Soy la misma, pero más grande

 

Soy grande. Soy tan grande que no quepo en cualquier sitio. Para dormir tengo que rellenar el aire de cojines y cuando me baño necesito un cuarto de mar. 
Soy tan grande que no puedo saltar. Tampoco correr. Por eso voy despacio, porque contando cinco pasos recorro el mundo de principio a fin.
A veces cuando estiro los brazos me llega el otoño a los dedos y le cuento al verano que pronto llega el aire fresco, que ya puede ir abriendo las ventanas.
Soy tan grande que justo al despertarme ya me entra de nuevo el sueño por los pies, así que para no discutir me vuelvo a dormir.
Soy así de grande porque TÚ estás dentro de mí y cada vez que te siento crece mi vida todavía un poco más.

Ilustración: Alejandra Acosta

13/7/10

No tengo palabras


No tengo palabras.
Prefiero las manos,
los latidos.

Estás tú,
silencioso y plácido, 
abultando mi vida.

Mi vida contigo,
en un solo tiempo
para los dos

Hasta que el mundo 
te acaricie  la frente,
y en tu propio aire

 lluevan  palabras
que digan
te quiero.

Ilustración: Paola Borquez 
 

7/7/10

Feliz cumpleaños Ojos de Luna


Ya tienes cinco años... ¿Qué puedo regalarte, mi pequeño?
¿Unos patines?, ¿Un tambor? No, eso ya lo tienes. ¿Un cuento? No, eso no, que tu mamá los sabe todos...¡Ah, ya sé!

Te regalo... aplausos.
Te regalo... botes de sonrisas.
Te regalo... el aire que eleva las cometas.
Te regalo... alas de abeja.
Te regalo... una nevera para conservar recuerdos.
Te regalo... cien secretos de magia.
Te regalo...  zumitos de sol y cerezas.
Te regalo... muelles  para saltar muy alto.
Te regalo... una fotocopiadora de estrellas.
Te regalo...  todo mi amor.

Has sido el primero en hacerme brillar, siempre serás mi resplandor apacible de luna llena.

 

24/5/10

Que caiga una estrella


Emociona ver caer estrellas. Es un juego revoltoso entre la esperanza, la casualidad y la belleza. La partida se gana cuando las tres ocurren al mismo tiempo y el premio es una sensación de euforia tan breve, que siempre se necesita ver una más, ojalá otra más.
Esta noche pondré mis manos sobre mi barriga (igual que si tocara el cielo) y esperaré tumbada a que llegue el momento. Pensaré con fuerza: "que caiga, que caiga una estrella", hasta que sienta el golpe. Entonces robaré una por una todas las estrellas para que nunca se acabe este hermoso juego.

Ilustración: Graham Franciose

3/5/10

Viaje en una burbuja


Allá en en el cruce de las cuatro calles  se forma un remolino mágico entre la calle del aire, la de la luz, la del arcoiris  y la del agua. Tú y yo venimos desde la otra punta de la ciudad, a paso sereno -a tu paso- y empujados por el brillo nos metemos en el  cruce y esperamos a ver qué ocurre. Tus ojos de luna se abren tanto que las pecas se resbalan y te entra la risa grande. De pronto las chiribitas de tu cara se suman al torbellino de las cuatro calles y comienzan a formarse burbujas gigantes, de colores transparentes, delicadas pero resistentes y una de ellas nos envuelve, nos invita a subir y nos hacemos pasajeros del aire. El viaje es largo, así que nos quedamos los dos juntos convertidos en motitas tranquilas de luz.

Ilustración: Marina Marcolin. El Baúl

23/4/10

¡Buenos días!

Hay mañanas 
que no huelen a nada 
ni a sol 
ni a sábanas pegadas.

Hay mañanas lentas 
que huelen
a árbol de cerezas 
hinchadas.

Pero las mejores mañanas 
son las que huelen
a besos
de galletas de menta.

21/4/10

La niña interior


Días atrás  me encontré contigo. Hacía tantos años que no te veía... estabas tal y como te recordaba, como si no hubieras crecido en todo este tiempo: el pelo liso, muy brillante, recogido con una horquilla a un lado de la frente, la cara pequeña, con una expresión dulce  -parecida a la tristeza- que empezaba en unos ojos repletos de pestañas negras y acababa en una sonrisa corta. 
Tuve la impresión de que no te sorprendió verme, que en realidad llevabas tiempo sabiendo que en cualquier momento yo podría aparecer, como si hubieras estado en ese mismo sitio eternamente sólo para que yo pudiera encontrarte. Sentí una punzada en el corazón, no de dolor, sí de alegría desperdiciada, porque tantos años sin saber de ti me habían privado del  gozo de vivir en paz. 
Cuando me acerqué a ti tuve el impulso de abrazarte y acogerte en mi cuerpo, pero antes te pregunté si eras feliz. 
¿Eres feliz?
Al hacerlo lloré, porque a una niña no se le pregunta si es feliz; las niñas prefieren salir al sol a jugar o hacer trenzas con lanas. 
¿Eres feliz? 
Me llegó la pregunta como si hubiera rebotado en un espejo, como si el aire me devolviera mis propias dudas. Y antes de poder responder ella siguió preguntando... 
¿Cómo sanarme?, ¿Cómo hago para sanarme?
-No lo sé pequeña, aprenderás a hacerlo- Pero preferí no decirte nada. Cogí tu mano y prometí que nunca más te dejaría sola, así por lo menos si la felicidad llegaba nos encontraría a los dos juntas.

Ahora siempre te llevo conmigo, no debí dejarte allí  sabiendo que no te gustaba estar sola.

Ilustración: Lisa Hurwitz

14/4/10

Percepciones



Ya te oigo. 
Suenas a versos, 
voces que vuelan 
música 
desde la otra habitación. 

Ya te siento, 
das calor. 

Me alargo para llegarte, 
estiro mis dedos 
que son milímetros, 
miniatura de tu mano, 
caricias pequeñas 
de regalo. 

Ya sé quién eres, 
he aprendido tu voz, 
tu tacto, 
tu rastro para encontrarte 
cuando resbale 
de mi mundo 
al tuyo.


Ilustración: Gabriel Pacheco

30/3/10

Primavera


El aire peina la hierba,
demasiado alta, 
demasiado verde,
para las tardes oscuras.

Soy casi primavera,
mi ombligo es un sol  
y las capas de la piel
los horizontes por los que amanece.

Ilustración: Nicoletta Ceccoli

10/3/10

Enamorados



...se miraban de colores
los brillos del alma
aquellos días de cálidad risa...

...se miraban de verde oscuro
al caer el sueño
en turnos de vigía...

...se miraban de blanco lento
al acariciarse
los pies suaves...

...se miraban de intenso rojo
para besarse
hasta que los ojos ardían...

Se cuenta que preferían mirarse
pues si se miraban 
no se perdían
Ilustración: Adolie Day

15/2/10

Emociones primarias: Alegría


 

¿Cómo retenerlo? 
Mejor sacarlo a pasear, que empieza a no caberme.

Ilustración: Michael Woloschinow

30/1/10

La vida de los otros


Desde arriba podía verlo todo sin que nadie supiera que tenía como costumbre observar a los demás. No era curiosidad,  sencillamente se sentía bien mirando otras vidas. Cuando caía la noche trepaba al tejado para sentarse a esperar. Y esperaba.
Podía ser que no ocurriera nada, entonces miraba el cielo y se sentía la única persona del mundo que hacía eso. Ser la única que mira el cielo es algo mágico.
Adoraba ver cómo se iban apagando las luces en las ventanas, cómo se iba rindiendo la noche al silencio e imaginaba  el sueño ocupando los ojos de la gente, sentía el tacto agradable de las sábanas en el cuerpo y el beso de buenas noches. Buenas noches, decía para sí.
Entonces escuchaba algún ruido e inmediatamente se concentraba en cada movimiento, en cada minúsculo detalle y permanecía muy quieta para no estorbar. Si se movía podía ser que las cosas no sucedieran igual, que nunca más salieran los solitarios a pasear, que la luna no volviera a brillar o que los amantes no se pudieran abrazar. Los abrazos más tiernos se dan por la noche y las palabras más bellas, también. Por eso le gustaba vigilar la noche, por si alguna palabra quedaba suelta.
Sólo cuando la noche se quedaba inmóvil volvía a casa y apagaba la luz esperando que alguien desde su tejado estuviera mirando su ventana.

Ilustración: Skasia

17/1/10

Palabras para la niña fea


No sé si puedo ayudarte. El mundo funciona de una manera extraña. Injusta.
Sé que te hacen falta besos y que todavía no sabes qué es compartir una risa. Al final todo se olvida, verás como todo pasa, te lo digo yo, el tiempo pasa. Te preguntarás que hay de malo en ti para que tengas que sufrir de este modo tan brutal. No hay nada de malo en ti, el problema está ahí fuera.
Quiero que sepas que todos alguna vez nos sentimos solos, pero siento de veras que te ocurra tan pronto, no es justo que sientas tanta amargura.
Me dices que lo peor que te pasa cada día es levantarte por las mañanas; yo al escuchar eso  me arrugo de  pena, pero entiendo que no te  ilusionen los desprecios, las palabras malas y el vacío en el asiento de al lado. Entiendo que estés mejor en tu casa, en tu refugio, donde nadie te exige nada, y comprendo también que cuando sales a la calle te conviertas en la niña más sola del universo, porque a tu edad la soledad supera los límites de la tierra y se expande en millones de infinitas tristezas por el firmamento.
Sólo puedo rozarte cariñosamente la mejilla, escucharte y emocionarme contigo. Levanta la cabeza, ¿sabes sonreir? También puedo ayudarte a sonreir. Eso es belleza.

Ilustración: Patricia Metola

13/1/10

Pies fríos



No sé dónde he puesto mis pies,
los he perdido en algún sitio.
He buscado en mis zapatos, por si al quitármelos se han quedado dentro, pero no están ahí mis pies.
Tendré que esperar a que salga el sol para recuperarlos.
No les gusta el invierno, por eso se han ido.

Ilustración: María Elina

8/1/10

Tu casa



Deja que entre en tu casa y me siente a tu lado,
deja que me haga la dormida mientras revuelves con tus dedos
los enredos de mi cabello.
Deja que me acueste en tu falda, madre,
para que me salgan todas las lágrimas que me oprimen el alma,
que no sé estar triste
si tu mano no está cerca para agarrarla.
Déjame seguirte cuando doblas la esquina de tu casa,
que no soporto verte sola
y descorre luego la cortina de la ventana,
para mirar juntas la calle mientras nos acompañamos la vida.
Deja que encuentre en el fondo de tus ojos
la luz del mediodía
y tender en tu sol el frío que me atormenta.
Deja que cante tu nombre, madre,
que no quiero escuchar nunca más mis ruidos.

 

7/1/10

Juego en el tren




Los trenes van despacio para no perturbar el paisaje. Eso pensé mientras miraba por la ventana del vagón; que el paisaje es más lento  cuando viajas en tren.

Estaba lloviendo y la ventana tenía  gotas que se movían muy despacio, justo por donde yo iba mirando, como si siguieran la  ruta que querían mis ojos. Por fuera era todo agua,  todo frío y yo me sentía segura en mi vagón vacío y silencioso, acurrucada en el último asiento jugando a juntar gotas.

Siempre me gustó jugar a solas, con lo mínimo a mi alcance, casi sin moverme, como si yo misma fuera mitad persona, mitad marioneta y nunca se sabía si era yo la que jugaba o eran los muñecos los que jugaban conmigo.

Quién sabe si me bajé del tren o todavía sigo en él viajando despacio. Quién sabe si estoy hecha de trapo. 

Ilustración: Laaura