13/6/12

Mujer eterna


Aquella mujer tenía una extraña cualidad, una fuerza involuntaria que hacía atrasar sus relojes. Era irremediable; nunca llegaba puntual. 
Había probado de todo: cambiar pilas, usar relojes de cuerda, de arena, de bolsillo, de sol, hasta llegó a tatuarse el tiempo en la piel. Era inútil, su cuerpo hacía retroceder las horas, los minutos, los segundos, sin poder evitarlo.
Siempre llegaba demasiado tarde a todo. No sorprendía que en el día de su cumpleaños soplara las velas cuando ya estaban apagadas. Tampoco se asombraban al ver sus fotos en blanco, pues siempre apretaba el disparador de su cámara en el momento en que las cosas  habían terminado de suceder.
Se acostumbró a vivir a escasos metros de la realidad. 
Afortunadamente, también llegó tarde a su cita con la muerte.

Ilustración: Ana Juan

3 comentarios:

Isabel dijo...

Menos mal. Original y sorpresivo micro.

Besos

virgi dijo...

Estupendo, un relato redondo, con un ritmo rápido y diría que hasta refrescante.
Un beso grande.

Gracia dijo...

Me ha encantado este relato. Hacía mucho tiempo que no te le leía y había olvidado lo bonitas que son tus palabras y la facilidad que tienes para hilarlas.